Hay trayectorias que no se explican solo con cargos, empresas o cifras. Se entienden mejor cuando se habla de educación, decisiones y forma de mirar la vida. La de Víctor Martín es una de ellas.
Estudia ADE en la Universidad San Pablo- CEU de Madrid, pero su historia comienza mucho antes. Con apenas 13 y 14 años viaja a Boston y a otros puntos de Estados Unidos para perfeccionar el idioma. Aquella experiencia no solo le permitió dominar el inglés; le acercó al modelo educativo americano, a una forma distinta de entender la formación, el pensamiento económico y el mundo profesional. Fue también entonces cuando despertó su interés por Estados Unidos y por los mercados financieros, especialmente por los mercados de volatilidad.
En ese proceso hay una figura clave: su padre. De él recibe una enseñanza que marcaría toda su trayectoria: la formación como legado. Perseguir una buena educación no era una opción, sino una responsabilidad. Hoy, Víctor reconoce que ese mismo legado es el que desea transmitir a sus hijos.
Tras la universidad cursa el Máster en Mercados Financieros del CEU San Pablo, un programa con una particularidad decisiva: los propios profesores seleccionaban talento para puestos de alto nivel. De ahí surge su entrada en banca de inversión y posteriormente en Tesorería y Mercado de Capitales, trabajando en entornos vinculados a mesas de cierre de Estados Unidos. Es el inicio de su etapa en Santander Investment, donde comienza a moverse en un contexto de máxima exigencia.
Cuando habla de mercados financieros introduce una reflexión poco habitual: la volatilidad, explica, no debe entenderse como inestabilidad permanente, sino como oportunidad. Una visión estratégica que solo se alcanza con experiencia y perspectiva. En el cambio constante se encuentra la oportunidad como valor.
Con menos de 25 años se incorpora a Arthur Andersen, desarrollando labores de consultoría estratégica en el Sector Financiero. Un entorno de gran presión, alta responsabilidad y cifras que imponen. Un mundo donde el dinero y el ritmo podrían empujar a estilos de vida extremos. Sin embargo, él lo describe con naturalidad: fue una etapa intensa, exigente y, en cierto modo, estimulante. Mucho trabajo, muchos viajes y una fuerte conexión con el mercado latinoamericano durante más de seis años. Posteriormente llega EY, otra de las grandes firmas internacionales. Es entonces cuando surge una reflexión más profunda. Le preguntamos si ese ambiente de presión y altas retribuciones no termina condicionando la manera de vivir. Su respuesta es clara: habla de plenitud, de elección consciente y de una idea que atraviesa toda la conversación: la verdadera elegancia está en cómo gestionas el dinero, no en cuánto tienes.
No le gusta la adulación. Sí le gusta la venta, entendida como negociación. Es experto en ello y actualmente imparte clases en másteres de universidades de Madrid, donde enseña técnicas de negociación desde una perspectiva práctica y humana. Su experiencia y bagaje en un mundo muy competitivo le han permitido ser especialista en esta materia. Cuando le preguntamos por su vida hoy, no duda en definirse como plena y familiar. Sin artificios.
Su incorporación a CLERHP Estructuras como Director General Corporativo, de la mano de Juan Andrés Romero, supone un punto de inflexión. Reconoce en él virtudes que hasta entonces solo había visto en grandes compañías cotizadas del IBEX35: visión diaria, valentía, cercanía al negocio y capacidad de trabajo espectacular. No habla de nombres por admiración gratuita, sino de estilos de liderazgo que se viven en el día a día, reconoce a Juan Andrés como el nuevo Botín del mundo de la empresa de gestión urbanística integrada.
En CLERHP afirma haber encontrado retos reales, de esos que devuelven la ilusión profesional. Volver a tener ganas de dar lo mejor de uno mismo, de poner al servicio de un proyecto toda una trayectoria, el criterio, el talante y el buen hacer acumulados con los años.
Al final de la conversación, cuando dejamos atrás los mercados y la estrategia, le pedimos un libro y un plan perfecto. Sonríe. El plan es sencillo: BBQ y familia, sin interrupciones. El libro, El Gatopardo. Y como referencia cinematográfica, La buena estrella. Quizá ahí esté la clave de todo lo anterior. En comprender que el verdadero éxito no siempre hace ruido. A veces, simplemente, consiste en saber elegir bien.
Macarena Perona
D. Comunicación
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