Hoy hablamos con Ana Maria Hernandez Gil, formadora y mediadora de conflictos con personas, toda una vida de dedicación al estudio del humanismo y los valores que conforman a la persona, hoy le preguntamos por el humanismo que debe habitar en las ciudades de personas felices. Y nos cuenta más sobre el tema con…
La capacidad de ser feliz la desarrolla cada persona desde su interior y el aprendizaje tiene la función en la felicidad que cuanto más se conoce cada uno de los aspectos de la vida y más de profundizan en ellos tienes mayor capacidad de ser feliz y de descubrir cada momento de la vida, una oportunidad para lograrlo.
Este proceso dura toda la vida y el aprendizaje tiene que ser continuo para tener el cerebro activo y desarrollándose y una ciudad en la que vives es el entorno en el que te mueves tiene mucho que aportar para lograrlo.
Una ciudad puede desarrollar en espacios que generen belleza y que generen oportunidades y también disponer de espacios públicos o en común para compartir, porque la mayor felicidad es que todo lo que aprendas lo puedes dar y hacer felices y ayudar a las personas con las que convives, en las diferentes etapas de sus vidas.
La naturaleza siempre aporta paz y conocer sus ciclos nos ayuda también a entendernos y eso es fundamental para saber descubrir en ella con la mente abierta, la curiosidad activa todos los enfoques que tiene y podemos aplicar a nuestra vida. Es inmensa porque nada se repite y nada es igual así como somos cada uno de nosotros.
Cada persona es un mundo y cada relación un universo. Si esas potencialidades se unen y tienen el objetivo de mejorar el conocimiento y cada día ser una mejor versión de sí mismo de forma natural todo eso se transmite a la comunidad y realmente varias mentes juntas piensan y actuar mucho mejor que una sola todos estamos conectados y todos dependemos unos de otros y se tiene un mismo objetivo común. Se puede llegar mucho más lejos y eso lo tenemos ampliamente constatado al lado de toda la historia se avanza mucho mejor y se ve mucho mejor en Comunidad.
Buscando la genuina belleza en cada una de sus manifestaciones, una ciudad puede aportar mucho la enriquecimiento de cada uno de sus habitantes.
Todas las personas que viven en un entorno son influidos por el mismo.
Cuando una ciudad desordenada, limpia, estéticamente proporcionada, todo eso, se transmite a cada uno de sus habitantes, tanto en el cuidado de la ciudad con el cuidado de ellos mismos. Y ahí se genera la comunidad de las personas felices.
Para mí los padres fundamentales serían la bondad, la verdad y la belleza que adaptados a una ciudad es que ese espacio sea realmente amable para la vida de las personas que no haya barreras arquitectónicas que sea de fácil movilidad y que tenga los servicios disponibles de una forma accesible. Que genere espacios para las diferentes edades de las personas. Lugares de encuentro.
La verdad de una ciudad es que se ella misma en la que se acoja las personas de muchas diversidad, de valores, de opiniones y de criterios con respeto y fomenté la cultura con espacios adecuados, la sanidad, la educación, la seguridad, el deporte, el cuidado de la naturaleza, el comercio, la práctica religiosa y su espiritualidad.
Y la belleza sería que hubiese un equilibrio entre todos los edificios, las distancias, los parques y los diseños arquitectónicos de los servicios públicos como hospitales o colegios. El diseño de la arquitectura tiene que estar al servicio del hombre. Generar espacios donde las personas estén cómodas que tengan paz es posible y ahí la naturaleza nos da grandes lecciones y podemos apoyarnos en ella para no desentonar del su entorno natural.
Sin duda la vocación de una ciudad, es justo eso, generar espacios para que las personas mejoren cada día y construyan la mejor versión de sí mismos.
La ciudad, al ser una forma de vida en la que mayor uno de personas están en un mismo espacio se pueden generar muchas más oportunidades de desarrollo debido a la cercanía y al contacto social.
Gracias Ana por descubrirnos más sobre cómo el entorno conforma a la persona, como el bienestar se cultiva de dentro hacia afuera, y desde la consciencia del urbanismo en las ciudades, en ciudades por y para las personas felices como es el fin último de Larimar City.
Macarena Perona
Directora de Comunicación
CLERHP
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