El país caribeño lidera las búsquedas de viajes de largo radio en el Viejo Continente, impulsado por una combinación de seguridad jurídica, conectividad aérea y la evolución hacia modelos de estancia de larga duración.
El panorama turístico está experimentando un cambio de paradigma. Según los últimos datos de movilidad y tendencias de viaje, Punta Cana se mantiene firmemente en el “top de destinos” más buscados desde el viejo continente. El país caribeño ha dejado de ser percibido exclusivamente como un destino estacional para convertirse además en un enclave estratégico de inversión y residencia a largo plazo para el mercado europeo. Con un cierre récord de 8,8 millones de visitantes internacionales en el último ejercicio, el país no solo ha recuperado sus niveles prepandemia, sino que ha transformado su modelo de negocio turístico hacia un estándar de mayor valor añadido.
Dentro de la geografía dominicana, Punta Cana sigue ostentando el liderazgo indiscutible, concentrando el 72% del flujo turístico total del país. Su atractivo para los países europeos – con España, Francia y Alemania a la cabeza- reside en una infraestructura aeroportuaria de primer nivel y una oferta que combina el patrimonio natural con una estabilidad climática de 25 grados de media anual. Sin embargo, uno de los datos que más interesa a los analistas es la contribución del sector turismo al Producto Interior Bruto (PIB), que ya alcanza el 16%, lo que garantiza un entorno de servicios y seguridad pública en constante mejora dentro del país.
El perfil del visitante europeo ha evolucionado de forma notable en los últimos años. Ya no busca únicamente el aislamiento de los complejos hoteleros tradicionales, sino una integración real en el entorno. Esta tendencia naturalista ha fomentado el desarrollo de infraestructuras que priorizan la sostenibilidad y el bienestar, donde el acceso a servicios de salud, educación y digitalización avanzada son requisitos indispensables para estancias que superan las tres semanas de duración, posibilitando la combinación entre ocio y trabajo en estancias cada vez más largas. La República Dominicana ha sabido leer esta necesidad, adaptando su marco normativo para atraer no solo a turistas, sino a familias y profesionales que buscan una segunda residencia en el trópico.
La seguridad jurídica es, quizás, el factor determinante en el auge del destino. A través de mecanismos como la ley de Confotur, a través de la cual se fomentan incentivos legales e impuestos reducidos a quienes compran en proyectos turísticos certificados, así como las diversas estructuras de Fideicomiso del país, que garantizan que los fondos de los compradores se manejen de forma independiente, asegurando que el dinero se use exclusivamente para la construcción del proyecto, el país ofrece un entorno de confianza para el capital extranjero que difícilmente se encuentra en otros mercados de la región.
Esta estabilidad permite a los inversores europeos diversificar sus carteras en activos inmobiliarios que, además de su valor de uso, ofrecen una plusvalía sostenida gracias al crecimiento ininterrumpido de la demanda en la zona este del país.
El incremento del interés europeo por la República Dominicana no es un fenómeno coyuntural, sino una respuesta a la búsqueda de “refugios de valor” en un contexto global volátil. Para el viajero y el inversor de la UE, el país ha logrado posicionar su estabilidad política y su crecimiento económico sostenido como una garantía de seguridad patrimonial que supera a otros mercados competidores. A esto se suma un factor psicográfico determinante: el deseo de un entorno con seguridad climática y conectividad 24/7 que permita el “workation” (trabajo y vacaciones). República Dominicana ha dejado de ser un destino de una semana para convertirse en el epicentro de un nuevo estilo de vida mediterráneo trasladado al Caribe, donde el ritmo es más pausado y la calidad de vida es la prioridad absoluta.
Bajo este prisma, Larimar City & Resort no se presenta como un producto inmobiliario, sino como la respuesta técnica a todas las exigencias que el mercado europeo demanda en un destino de primer nivel. El proyecto condensa la esencia de Punta Cana – su luz, su vegetación y sus vistas – y la potencia con una infraestructura completa que elimina la incertidumbre del residente internacional. Al integrar desde su fase inicial servicios críticos de salud y educación, junto a una oferta de ocio que incluye un campo de golf de 18 hoyos y más de 3 kilómetros de promenade, Larimar materializa la promesa de una vida sin fricciones. Representa la transición del Caribe tradicional hacia un modelo de “Smart City” donde la sostenibilidad, el diseño biofílico basado en la naturaleza y la digitalización garantizan que el bienestar del usuario sea el centro de la planificación urbana.
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